Litterae communionis

Octubre 2025. Año VII, número IX.

Revista Internacional de Comunión y Liberación en México

CONTENIDO

EDITORIAL

Esa es mi esperanza

La primera señal saltó a principios de agosto. Un millón de jóvenes de todo el mundo se daban cita en la explanada de Tor Vergata, a las afueras de Roma, para celebrar el Jubileo con el Papa. La retransmisión televisiva mostraba imágenes asombrosas de jóvenes en silencio durante la Eucaristía, con los ojos y el corazón fijos en ese punto único. En las imágenes de televisión no se ve ni a uno distraído con el móvil en la mano. ¿Quiénes son esos jóvenes? ¿Qué es lo que buscan? ¿Qué les ha llevado hasta allí en plenas vacaciones?

La segunda señal sonaba un mes después, el 7 de septiembre, en una plaza de San Pedro abarrotada de jóvenes para proclamar santos a Carlo Acutis y Piergiorgio Frassati. Dos críos –el primero de 15 años y el segundo de 24– que vivieron en un tiempo muy cercano a nosotros. Más que la multitud inmensa y el silencio imponente, esta vez lo más sorprendente era el ejemplo de esos dos jóvenes totalmente identificados con Cristo a pesar de la brevedad de sus vidas y en un contexto ya sumido en la secularización. Parece que vivir para Cristo y compartir la fe sigue siendo posible entre los jóvenes, aunque los intelectuales y observadores habituales insistan en retratar a las nuevas generaciones como personas frágiles, indecisas y encerradas en una perpetua introspección que les hace incapaces de resistir el impacto con la realidad. Pero bien mirado –en el fondo, es cuestión de mirar– estos jóvenes también son así. Estudian, cantan, se divierten como la gente de su edad pero algo en ellos deja intuir un factor diferente. Puede que no sea fácil de definir, pero eso no impide reconocer un elemento nuevo, un principio que pone en marcha una energía que en otros parece adormecida.

No importa si son muchos o pocos, ni si ese ímpetu perdurará en el tiempo, como tienden a pensar los más cínicos para justificar sus teorías. Lo que importa es que ahora están presentes y su presencia es una esperanza para todos: para esos jóvenes en busca de sentido y para muchos adultos que desearían contar también con un significado que les llenara de entusiasmo. Como decía el cardenal Pizzaballa, patriarca de Jerusalén, en uno de los paneles de la exposición del Meeting de Rímini sobre las “Profecías por la paz”, «dentro de esta oleada de odio, guerra, dolor y miedo, hace falta ver realidades hermosas, buscar personas que dan su vida por algo bueno. Ellos son los resucitados de hoy, que te dicen que todavía hay luz, y esa es mi esperanza».

Podcast
Episodio 11

Suscríbete a nuestro boletín