Litterae communionis

Mayo 2025. Año VII, número V.

Revista Internacional de Comunión y Liberación en México

CONTENIDO

EDITORIAL

Aferrados a Cristo

Damos gracias a Dios por habernos regalado a Francisco. Doce años de pontificado misteriosamente condensados en los gestos y palabras de la Pascua, la fiesta de la gloria de Jesús que para el Papa supuso la víspera del encuentro definitivo. Las homilías que escribió para la Vigilia pascual (que publicamos a continuación) y para la misa de Pascua se centran totalmente en la persona de Jesús resucitado, vivo, que «vence nuestras oscuridades y vencerá las tinieblas del mundo» y «se revela también hoy en las hermanas y hermanos que encontramos en el camino». Francisco anuncia al mundo «la esperanza más grande de nuestra vida: podemos vivir esta existencia pobre, frágil y herida, aferrados a Cristo, porque Él ha vencido a la muerte». Y cita al gran teólogo Henri de Lubac: «el cristianismo es Cristo. No es, en verdad, otra cosa. En Jesucristo lo tenemos todo».

Esta fe nos pone en movimiento, más aún –escribe el Papa– «nos impulsa al movimiento». Jesús resucitado ya no está en el sepulcro, no hay que buscarlo allí. «Hay que buscarlo en otra parte». Mientras en la plaza de San Pedro aún resonaba el eco de estas palabras, el Papa salía en su papamóvil para sumergirse entre la multitud de fieles. Todos corren en el relato del evangelio: María de Magdala, Pedro, Juan. También Francisco, como podía, corrió hacia los presentes, hacia la Iglesia. Al encuentro de los hombres, con palabras y gestos.

El 21 de abril, esta revista estaba ya casi maquetada, con un Primer plano dedicado a uno de los lugares preferidos por Francisco: las cárceles. En una de ellas, la de Rebibbia, abrió una segunda Puerta santa el pasado 26 de diciembre. Y los presos de Regina Coeli, la prisión de Roma, fueron los destinatarios de la última salida del Pontífice del Vaticano. Era Jueves Santo y Francisco quería lavar los pies de algunos de ellos, «como Jesús». «Este año no puedo hacerlo, pero puedo y quiero estar con ustedes», dijo con un hilo de voz. De nuevo, gestos y palabras. Más tarde, ya fuera, antes de volver al Vaticano, explicaba a los periodistas que «cada vez que entro en un lugar como este me pregunto: ¿por qué ellos y no yo?».

¿Por qué? El Papa anciano y enfermo, en un lugar que representa el delito y el castigo, reabría así la gran pregunta sobre el destino del hombre que todos se plantean sobre todo al sufrir una injusticia, una enfermedad o una pérdida. ¿Por qué ellos? ¿Por qué yo? ¿O por qué “no” yo? La cárcel es despiadada a la hora de lanzarnos a la cara estas preguntas, que se hacen aún más acuciantes en las condiciones inhumanas que muchos presos tienen que vivir, como describe esta revista, con contribuciones que invitan a reflexionar sobre una nueva idea de justicia. ¿Qué es lo que nos salva? El papa Francisco se lo decía a los presos de la cárcel de Palmasola, en Bolivia, el 10 de julio de 2015: «El que está ante ustedes es un hombre perdonado. Un hombre que fue y es salvado de sus muchos pecados. Y es así como me presento. No tengo mucho más para darles u ofrecerles, pero lo que tengo y lo que amo sí quiero dárselo, sí quiero compartirlo: es Jesús, Jesucristo, la misericordia del Padre».

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