Hace ya algunos meses, se me ocurrió la idea de montar un taller de cultura y arte en el Centro Penitenciario en el que trabajo. Había dejado años atrás de labor como consejera técnica en el gabinete del ministro del Interior con la intención de “volver al barro”, en primera línea, a trabajar con presos, que en el fondo había sido el origen de mi vocación como jurista de Instituciones Penitenciarias.
Siempre he pensado que ayudar a la reinserción de las personas que se han equivocado (sin obviar todo el mal que hayan podido generar) es algo valiosísimo, no solo para estas, sino también para el resto de la sociedad.
Diariamente, me topo con gente que me cuenta haber sufrido violencia extrema desde la infancia; todo ello unido a un desarraigo y un desamparo que me tocan profundamente.
Hay chicos jóvenes que han perdido a sus padres por la droga y, a su vez, ellos son toxicómanos y han





