Nuestro criterio es un encuentro

Hay un bar cerca del colegio Santamarca al que llamamos “la oficina”. Allí nos contamos lo que pasa. Como decía Luigi Giussani, él nunca pretendió fundar un movimiento, sino que siguió lo que empezaba a acontecer en torno a él, en su relación con los alumnos del Berchet. Podemos afirmar que esta misma experiencia es la que hemos vivido estos años en el colegio, por gracia, ocho profesores que hemos estado allí, donde hemos visto cosas que no creíamos que podían suceder, como dice nuestro querido amigo Gabriel, un joven sacerdote del Camino Neocatecumenal que hemos conocido estos años, con el que vivimos una gran comunión.
Hemos descubierto que nuestra comunión nace de que el criterio que tenemos para vivir es el encuentro, del que brota una pasión por la vida, por educar, muy superior a la suma de nuestros esfuerzos o personalidades, nos hace seguirnos unos a los otros, contarnos los hechos que Dios nos permite ver cada día en el colegio.
Hemos aprendido a concebir el trabajo como un lugar privilegiado donde poder verificar la capacidad que tiene la fe de generar novedad en la vida, donde aprender qué es el ofrecimiento, donde la desproporción que a diario experimentamos por las situaciones que encontramos son el lugar fecundo que llama al espesor de una

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