Música, maestros

Pasaba poco tiempo en casa, pero las clases de piano eran sagradas. Como los libros. Así recuerda su infancia Simona Favari, directora del instituto Alessandro Volta, con ese deseo de conocer que le suscitó su madre y que avivó su profesora de literatura, con una pasión y una capacidad de transmitir tanto amor por su asignatura que animó a su alumna a elegir la misma profesión. «Primero como maestra de infantil y primaria porque tuve que empezar a trabajar cuando aún no había acabado los estudios», recuerda. Más tarde pasó a secundaria, siguiendo siempre el ideal que reconoció en aquella profesora. Y lo sigue haciendo ahora, como directora. Simona no renuncia al contacto con los alumnos. De hecho, su responsabilidad la lleva siempre a una implicación “contagiosa”.

¿Cuáles son los principales desafíos que ves en la educación actual?
Que se organiza más en función de las exigencias de padres y profesores, y de sus necesidades logístico-organizativas, que en las de los niños y jóvenes. Falta la capacidad de identificarse con ellos. He trabajado en todos los niveles educativos, con un total de 2.700 alumnos, y siempre veo mucha fragilidad en chicos y chicas que ya llegan al instituto con sufrimientos muy dolorosos y difíciles de llevar a su edad. Lo que más necesitan es una relación, hace falta un espacio donde eso pueda darse, un horario que permita escucharles. Esa es la palabra

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