Es hora de caminar

Preguntado por la imagen del viaje con la que se quedaba, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, eligió la del Papa portando el Santísimo en la procesión del Corpus por Madrid, un gesto que simboliza una Iglesia que está en la plaza para encontrarse con todos, para dialogar, escuchar y anunciar sin arrogancia, pero con plena convicción del tesoro que porta consigo. Argüello destacó «la mirada católica» que ha desplegado León XIV a lo largo y ancho de este viaje, su capacidad de «poner en relación lo local y lo universal, lo eclesial y lo social, lo espiritual y lo carnal», y todo eso ha supuesto «una especie de viento fresco», no solo para la Iglesia sino para toda la sociedad española. Durante la celebración del Corpus, en la madrileña plaza de Cibeles, León XIV dejó una encomienda para la España de hoy y de mañana: «que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy». Porque de comienzo en comienzo avanza la historia de la Iglesia, y de eso hemos sido testigos estos días.
España es una nación plural, compleja y a veces atormentada. Pero es también la continuidad de una historia de bien que el Papa nos ha querido recordar en figuras como Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, en las obras de Cervantes o de Unamuno, en los encendidos debates de la Escuela de Salamanca sobre los límites del poder y el derecho internacional, en la aventura de un castellano como Toribio de Mogrovejo, trasladado a Lima para servir a los pobres con el pan y la palabra del Evangelio. En el encuentro con el mundo de la cultura, de la economía y del deporte, pudimos ver el diálogo entre la búsqueda sincera de la verdad y de la justicia de tantos hombres y mujeres y la propuesta que la Iglesia, con Pedro a la cabeza, sigue encarnando. Una red tejida con hilos de estima y de respeto, y también de legítimas discrepancias.

En su discurso ante el Congreso, León XIV evocó el gran debate en la Universidad de Salamanca cuando se abrían mundos nuevos, y algunos maestros introdujeron la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder. Casi al final de su imponente discurso, tuvo la audacia de decir ante nuestro

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