La aventura de vivir

© Margherita Lazzati/courtesy Galleria l’Affiche

El primer impacto con la prisión sobrecoge, las medidas de seguridad imponen y casi contagian una sensación de desconfianza, el trato con los funcionarios, que casi siempre te hacen sentir quién manda allí dentro, es complejo porque la libertad de cada uno se pone en juego, y mientras percibes que unos intentan establecer relaciones humanas con los presos, otros se dedican a hacerles la vida más difícil.
Los encuentros con los internos se desarrollan a través de un taller al que hemos llamado “La aventura de vivir”, que en realidad es un trabajo sobre El sentido religioso, de Luigi Giussani. Al iniciarse el taller la primera sorpresa fue el número de inscritos, una cifra que, con el tiempo, se ha ido rebajando. A unos les han trasladado de prisión, otros han cumplido su condena, también están los que han dejado de venir porque pensaban en otro tipo de encuentros y se han cansado, otros por pura desidia.
Con bastante frecuencia aparecen nuevas personas, unas se quedan y otras no, muchas veces parece que estás siempre empezando. Como anécdota: recuerdo que al iniciar el taller, A. nos decía que se había apuntado con un amigo para fastidiar un poco a los cristianitos, en la actualidad es el primero en venir y el último en marcharse,

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