Desde que acabó sus estudios de Derecho, Esther Pascual siempre estuvo implicada en iniciativas de justicia restaurativa. En 2011 empezó a participar en los encuentros entre víctimas y miembros arrepentidos de ETA, hasta que en 2018 le propusieron poner en marcha un nuevo proyecto en eso de “restaurar vidas”. «La idea era ver si la justicia restaurativa se podía aplicar también a delitos llamados de peligro abstracto, donde no hay una víctima concreta individualizable, como es el tráfico de drogas o la conducción temeraria, por ejemplo». Así es como pasó del concepto más clásico de justicia restaurativa, como son los encuentros con víctimas, «donde evidencias la grandeza del ser humano, capaz de lo mejor y lo peor», al desafío de verificar qué se puede esperar de la justicia cuando el propio reo acaba convertido en víctima.
El proyecto Restauravidas es una iniciativa de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias con la Fundación Abogacía que nace para atender a unos mil españoles que están cumpliendo condena en prisiones repartidas por todo el mundo y que son trasladados a España para que terminen de cumplir su pena aquí. «Casi todos vienen con condenas por tráfico de drogas. Pensamos en este programa sin saber la viabilidad que tendría





