“Doña Eva debe pertenecer a algo; no sabemos a qué, pero ella pertenece a algo”

Integrante de Comunión y Liberación (CL) desde hace varias décadas, y miembro de la Fraternidad de San José (FSJ) desde hace aproximadamente quince años, Eva comparte cómo la experiencia del dolor, la compañía de los amigos y el seguimiento fiel del carisma la condujeron a reconocer que Cristo era el verdadero sentido de su vida.

Del dolor a la vocación

Cuando Eva recuerda el origen de su camino en la FSJ, no comienza hablando de una inquietud vocacional. El punto de partida fue la muerte de su esposo, una experiencia que la confrontó con una herida profunda y con una soledad desconocida.

Fue entonces cuando algunas amigas le propusieron acercarse a “la San José”. Eva aceptó y comenzó un proceso de acompañamiento con el padre Mario Simancas. Mirando hacia atrás, reconoce con sencillez: “Lo hice porque pensé que iba a ser un consuelo para mí”. Sin embargo, pronto descubrió que el problema de fondo no era

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