Amados más allá de nuestros errores

Cuando me propusieron este tema, “Somos amados más allá de nuestros errores”, la perspectiva de tener que profundizar en ello con vosotros lo hizo aún más intenso y me obligó a reflexionar con más hondura. No porque quien viva en una cárcel se haya equivocado necesariamente más que los que están fuera –pues solo Dios juzgará la gravedad de nuestras culpas teniendo en cuenta todos los factores– sino porque el intercambio epistolar que he tenido con algunos de vosotros me ha hecho darme cuenta de hasta qué punto la cárcel obliga a la persona a ponerse delante de sus errores con más conciencia, intensidad y dolor, sin duda, sobre todo cuando esos errores hacen sufrir a otras personas, especialmente a los seres queridos.
Pero soy bastante consciente de que en mi vida he cometido errores y equivocaciones que, aunque a los ojos del mundo y de la justicia humana no sean extremadamente graves, percibo su peso sobre mi conciencia y delante de Dios, sobre todo cuando, aunque solo fuera con una palabra, o incluso un solo pensamiento o sentimiento de

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