La “casa” de nuestro corazón y la justicia

La exigencia de justicia inserta en el corazón humano trasciende lo contingente. Con la instauración del Estado como construcción jurídico política bajo la cual se organiza la sociedad, se ha desdibujado la fuerza de esta exigencia como motor de nuestro “yo”. Es fácil perder de vista que la justicia, como nos comparten nuestras amigas reconciliadoras, radica en nuestro corazón como exigencia y es necesario custodiarla desde dentro de nuestras comunidades. Una justicia extrínseca que no interpela a nuestra persona, sino que se delega por completo al Estado, no ha sido ni será suficiente para construir una verdadera paz.  En la experiencia que Sebastiana y María nos relatan, podemos verificar lo necesario que resulta para cada uno de los miembros de la sociedad saberse partícipes y corresponsables de la justicia, como componente indispensable de nuestra realidad.

¿Qué es la justicia, María?

Nosotros, como pueblos originarios, tenemos los “usos y costumbres” [en México, hay un reconocimiento real, de alcance jurídico, de los “usos y costumbres”, que son como la expresión de la Tradición comunitaria que norma la vida de cada pueblo], y para la justicia, tenemos lo que podemos llamar “justicia que nace del pueblo”. Es una justicia que está dentro, es la forma de vivir, de estar y convivir; y es una justicia que le apuesta mucho al

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