De los tlamatinime a los frailes misioneros: la formación de los jóvenes en la época novohispana

La historia de la educación en México comenzó antes de la llegada de los españoles. Entre los pueblos nahuas existía un sistema educativo organizado y obligatorio cuyo propósito no era sólo transmitir conocimientos, sino formar personas conscientes de sí y de su tarea en el mundo.

La educación iniciaba en el hogar, donde padres y madres enseñaban valores como el respeto, el trabajo y la obediencia. Más tarde, los jóvenes ingresaban al calmécac o al telpochcalli. En ambos espacios se buscaba formar lo que los nahuas llamaban “un rostro y un corazón”: personas capaces de actuar con sabiduría, equilibrio moral y sentido del deber y amor a la comunidad. Esta tarea recaía en los tlamatinime, los sabios encargados de preservar y transmitir el conocimiento.

Tras la caída de Tenochtitlan en 1521, la evangelización impulsada por franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas, transformó este panorama educativo. Los misioneros comprendieron que la conversión religiosa requería una labor formativa permanente y fue así que  crearon una extensa red de escuelas, conventos y centros de enseñanza.

En estos espacios, los jóvenes indígenas aprendían doctrina cristiana, lectura, escritura, música y diversos oficios. Los conventos funcionaban como iglesias, escuelas, talleres y centros de organización comunitaria. En una época en que incluso Europa ofrecía pocas oportunidades educativas a la población general, muchos conventos

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