El Mundial: un espacio que revela los tesoros de la humanidad

Queridos amigos, el mundial de futbol es un gran acontecimiento, como estamos siendo testigos. Es impresionante la pasión, el amor a la patria y a los héroes que los representan. En este festival multicultural es posible reconocer que nuestro corazón es el mismo, es un tesoro universal. Sin importar el idioma, el contexto político social, todos deseamos y anhelamos por igual la felicidad, el triunfo, destacar y, asimismo, todos compartimos el dolor y las lágrimas de las derrotas, de las injusticias arbitrales. Pero el ciento por uno de esta fiesta es cuando dos equipos, dos naciones, dos personas de diferentes historias y culturas se abrazan, se consuelan y, sobre todo, lo más impresionante, bello y constructivo que he visto: que personas de diferentes orígenes y culturas recen  juntas, reconociendo a Dios como un mismo Padre.

Ese es el culmen de la razón: agradecen que, aun en la confrontación, los une ese corazón humano que no se conforma, que siempre lo quiere todo, pero que aquello que más anhela es abrazar y ser abrazado incondicionalmente, gratuitamente.

Que este Mundial sirva y sea una gran ocasión de resaltar el bien que significan para el mundo de hoy los espacios y oportunidades para encontrarnos, para hacernos más conscientes de quiénes somos como humanidad y los tesoros que compartimos, pero también mantener la conciencia de ser una presencia original que supera el dolor de una eliminación y el orgullo superfluo de ganar.

Como nos decía el Papa Francisco, “el deporte no es tan solo una forma de entretenimiento, sino sobre todo un instrumento para construir una cultura del encuentro, de la fraternidad y de la solidaridad, camino seguro para la construcción de un mundo más pacífico y justo”.

Que este Mundial nos deje la certeza de que la paz se construye también compitiendo, en cada abrazo y gesto de afecto entre rivales, en cada oración compartida, en cada lágrima que se consuela. Ahí, reconociéndonos hermanos de una misma casa común, nace el mundo que todos anhelamos.

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