Como un náufrago

El correccional de Casal del Marmo, en Roma, es uno de los dos centros penitenciarios para menores que hay en Italia, y era uno de los lugares preferidos del papa Francisco. En dos ocasiones, en 2013 y en 2023, el pontífice celebró la misa de Jueves Santo allí, lavando los pies a los jóvenes presos. «Cada uno de nosotros puede resbalar, cada uno de nosotros. Y esta conciencia, esta certeza de que cada uno de nosotros puede resbalar es lo que nos da la dignidad –escuchad la palabra: la “dignidad”– de ser pecadores», dijo Francisco en su homilía. Abierto desde 1971, este centro se erige en la periferia extrema de la capital y está formada por cuatro pabellones (uno en desuso) y varias instalaciones externas, como un campo de fútbol y otro de baloncesto. Cuando vives en régimen de libertad restringida, cada centímetro cuadrado cuenta. Igual que cuenta cualquier presencia significativa. Desde 2017 el capellán es un joven sacerdote de la Fraternidad de San Carlos Borromeo, Nicolò Ceccolini.
«Empecé a venir en 2011, siendo seminarista –recuerda–. Me lo propusieron mis superiores como caritativa y ese fue uno de los “sí” más acertados para mí, pues este se acabó convirtiendo en el lugar de mi misión. Nunca he salido de Roma, aunque pertenezco a una fraternidad misionera. El mundo ha venido a mi encuentro en esta cárcel y el mejor viaje misionero es el que hago para ir al encuentro del corazón de estos jóvenes». Llamarlo

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