En 2016 pude vivir la Semana Santa como un preso más en la cárcel de Itaúna en Brasil, donde por una parte comprobé que el mayor castigo que un hombre puede sufrir es ser privado de su libertad, pero a la vez, viendo a aquellos condenados, también pude darme cuenta de que Cristo, que no se cansa de perdonarnos, hace libre al hombre que vive entre rejas y escucha hasta al individuo más perverso.
Itaúna es una ciudad de Brasil en el estado de Minas Gerais, a 76 km de la capital Belo Horizonte, donde hay una cárcel muy singular que sigue el método APAC. Los detenidos en este presidio son llamados recuperados. Los fundadores de este sistema carcelario construyeron cárceles para que estos recintos pudieran ser lugares de reinserción y no de castigo. Este presidio es un espacio donde cualquier delincuente pueda sanar. Una propuesta semejante parecería imposible pero comprobé, compartiendo la Semana Santa con los presos que vivían allí, que realmente este método funcionaba. Este presidio es un lugar excepcional, replicado más de 30 veces en distintos países y donde la fe, el trabajo, el estudio y la música ayudan a recuperar al hombre que estaba atrapado en su delito.
El fundador de las APAC, Mario Ottoboni, y su director Valdeci Ferreira me invitaron a celebrar la Semana Santa





