Litterae communionis
Abril 2025. Año VII, número IV.
Revista Internacional de Comunión y Liberación en México
CONTENIDO

Cartas
primer plano
En nuestra tierra
EDITORIAL
Todos pecadores
En el año 1300 Bonifacio VIII, el Papa enviado por Dante al infierno entre el grupo de los simoníacos aun estando vivo, decidió instituir el Jubileo. Un año santo durante el cual se invitaba a los fieles del mundo entero a ir en peregrinación a Roma, lugar del martirio de los santos Pedro y Pablo, para obtener la indulgencia. En ese momento de la historia, cargado de temores e incertidumbres, el pontífice captó un deseo de cambio y de purificación, como si los fieles advirtieran su necesidad de volver a empezar de cero. Fue así como les abrió el “tesoro de las indulgencias” por la infinita misericordia de Dios.
En un tiempo en el que se ha perdido el sentido de pecado como si casi ya no hiciera falta pedir perdón, estas palabras pueden sonar incomprensibles. Pero entonces, ¿por qué proponer un gesto así? ¿Qué nos dice en este 2025 esta invitación a ponerse en camino hacia Roma? Desde hace más de siete siglos, la Iglesia convoca periódicamente el jubileo. Al principio cada 100 años, luego cada 50 y finalmente cada 25, o incluso menos teniendo en cuenta los años santos extraordinarios, como por ejemplo el de la Misericordia que el papa Francisco convocó entre 2015 y 2016. Se vuelve a proponer para que puedan resonar de nuevo en el mundo verdades que ya han sido descartadas, como que todo hombre es «un gran misterio que solo se ve iluminado por la presencia de Cristo», como dice monseñor Rino Fisichella en estas páginas; que todos somos pecadores, incapaces de realizar solos aquello a lo que aspiramos; que la vida está hecha de necesidad de perdón y deseo de llevar este abrazo a todos. Este año el Papa ha añadido la palabra “esperanza”, que Fisichella define como «la gran desconocida».
«El jubileo», escribió san Juan Pablo II a don Giussani en un mensaje que le envió para los ejercicios espirituales del año 2000, «nos invita a fijar la mirada en Cristo, redentor del hombre. En realidad, solo en el misterio del Verbo encarnado se cumple plenamente el misterio del hombre». Lo confirman los testimonios que leemos en esta revista, como el seminarista noruego Mathias Ledum, un apasionado del skateboard, para quien participar en esta peregrinación junto a varias diócesis escandinavas «nos ha llenado de esperanza, a nosotros que a veces corremos el riesgo de sentirnos un poco aislados en los países donde vivimos». La esperanza de estar menos solos.
Esto nos ayuda a descubrir otra realidad que va unida a la indulgencia. El Catecismo la enuncia así: «El cristiano que quiere purificarse de su pecado y santificarse con ayuda de la gracia de Dios no se encuentra solo. (…) La santidad de uno aprovecha a los otros, más allá del daño que el pecado de uno pudo causar a los demás». No estamos solos. Estamos en una compañía que es la ayuda que se nos ofrece en nuestro viaje hacia el destino. Una compañía que, como dice don Giussani en el texto inédito que se puede leer en esta revista, es «la única en la que, independientemente de lo que hagas, te abrazan como si te hubieras marchado la tarde antes».







