«Lo que ha pasado en Siria durante la primera semana de marzo nos ha sobrecogido a todos. Como cristiano, viviendo la Cuaresma, puedo decir que esos días de violencia han sido como un Viernes Santo. Aquí también han descendido las “tinieblas sobre toda la tierra”. Sin embargo, sentimos dirigida a nosotros la invitación del Jubileo a no dejar de esperar. Incluso cuando hace daño, como estos días en que tantos civiles inocentes han sido asesinados. El Papa nos ha recordado que debemos permanecer cerca de las heridas, tocar la carne de las víctimas de las masacres porque solo así podremos reconocer el abismo del mal de la guerra y no nos turbará el hecho de que nos traten como ingenuos por haber elegido la paz».
Arranca así nuestra conversación con el cardenal Mario Zenari, nuncio apostólico en Siria desde 2008. Guerras y conflictos ha conocido varios, tras pasar por la nunciatura en Senegal, Liberia, Colombia y en Alemania, de 1988 a 1992, donde asistió a la caída del Muro de Berlín y del régimen comunista. Después estuvo en Rumanía, Costa de Marfil, Níger, Burkina Faso y, antes de llegar a Damasco, en Sri Lanka.
En Siria ha sido testigo directo de catorce años de guerra civil, del derrocamiento del presidente Bashar al Assad y ahora de esta incierta fase de transición. En diciembre subió al poder un excombatiente de Al Qaeda y del ISIS,
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