Los acontecimientos en Teuchitlán, Jalisco, han sido una sacudida profunda. La brutalidad y la deshumanización que se revelan en esos campos de exterminio nos enfrentan al abismo de la maldad y nos desafían a no voltear la mirada. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo detener esta espiral de violencia, si parece que las estructuras mismas que deberían garantizar justicia están corrompidas o son indiferentes?
Sin embargo, me doy cuenta de que no puedo quedarme solo en la desesperación o el enojo. En la Escuela de Comunidad hemos trabajado sobre el significado de la experiencia, la dinámica del signo y cómo la realidad, por
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María Rosa Cantú
El hallazgo del rancho en Teuchitlán, Jalisco me ha conmocionado.
En una entrevista radiofónica escuché a Ceci Flores, una madre buscadora de Sonora, que tiene dos hijos desaparecidos. En cierto punto de la entrevista, contó que había quien quería frenar su búsqueda, que era “indigno” buscar a un delincuente. Ella compartió: “Sí, no busco a un sacerdote, busco a un delincuente; pero no
Claudia Mena




