En los ejercicios de los memores 2024, Mons. Bellandi insistió en el hecho de que aún no hemos entendido qué es la fe y, por esta razón, nuestra esperanza es débil. Lo mismo dice Giussani, que la incertidumbre de nuestra fe dificulta la esperanza. El punto, entonces, es la seguridad de la fe como certeza en una presencia poderosa y misericordiosa, más grande que nosotros.
Tratando de entender el porqué de esta incertidumbre nuestra, me parece que está implicada la forma en que concebimos y tratamos el cambio. Como nos recuerda el padre Paolo Prosperi: la mayor tentación es considerar que la iniciativa de Dios para salvarnos, es decir, Cristo, con todo lo que ha traído y trae, es demasiado poco incisiva, si no inútil; pues nosotros y el mundo seguimos devastados. Y esta “desesperación” se cuela en nosotros como un escepticismo que hace imposible la certidumbre y el impulso.





