«No se puede quitar la libertad a quien es libre»

El año 2025 ha comenzado regalándonos el reclamo de un hombre que no estuvo dispuesto a sucumbir a la lógica del fin que justifica los medios, más aún, que ha preferido dejarse detener, vivir los últimos años en condiciones denigrantes en las peores cárceles rusas, y morir por amor a la verdad, a su familia y a su pueblo.
Ya la introducción de Adriano Dell’Asta, a quien debemos el libro No tengo miedo. No lo tengáis vosotros (Encuentro, 2025) que recoge trozos de cartas y entrevistas de Alexéy Navalni, así como las “últimas palabras” que pronunció en los procesos inventados por el régimen putinista por causas nunca probadas, desmontadas por sus abogados, celebrados en la cárcel y a puerta cerrada, muestra que el protagonista fue mucho más que un político, crítico implacable de Putin y sus secuaces, experto en el manejo de las redes sociales y valiente líder de masas. Navalni fue un auténtico disidente, movido «no por un sentido del deber abstracto, por un programa político, en nombre de algún ideal como otros o de alguna idea que uno tiene “en la cabeza”, sino por fidelidad a su país y a sus propias convicciones que –precisaba también– se distinguen de los sueños y de las fantasías ideológicas solo […] si uno está verdaderamente dispuesto a “aceptar sacrificios” […] persuadido por su fe de que la victoria definitiva nace de la derrota aparentemente más radical. La esperanza, que no es sentimental ni utópica, nace de un viacrucis real».

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