La lógica del grano de trigo

Los últimos meses del tercer año del seminario son siempre un tiempo intenso para nosotros seminaristas de la Fraternidad de San Carlos porque estamos en la espera de descubrir la destinación del año de misión que pasamos en una de las treinta casas que tenemos en todo el mundo. Buscamos indicios en las caras y las palabras de nuestros superiores, pero hasta el día en que nos lo revelan, no sabemos nada. Un día en mayo del año pasado, me llamaron a la oficina de nuestro superior, el padre Paolo, quien me dijo que iba a pasar el año siguiente en México. Era el lugar que menos imaginaba: a pesar de ser “vecinos”, nosotros estadounidenses en general sabemos muy poco de México, y admito que nuestros estereotipos a menudo son negativos. Surgieron en mí varias emociones: desde el entusiasmo por partir, hasta la preocupación por conocer una nueva cultura e idioma.

Para seguir leyendo inicia sesión

El contenido completo sólo está disponible para nuestros suscriptores.

Más allá del miedo a lo desconocido, me preocupaba la pregunta: «¿Qué voy a hacer este año? ¿Qué puedo ofrecer

Palabras clave

Cómo citar

Comparte este artículo

Facebook
Twitter
Pinterest