Sobre el juicio comunional

Parece que la pregunta más frecuente apunta al juicio común, al modo de llegar al juicio común. ¿Por qué es necesario hacer un juicio? Porque el juicio guía, marca el camino. Pero hay algo que está antes que el juicio: el amor al camino y la voluntad de recorrerlo. No es algo banal, porque en la medida en que no amáramos el camino, el juicio se convertiría en algo que a uno no le importa, o en expresión del amor propio, en una búsqueda del amor propio.
Entonces, ¿cuál es nuestro camino? El Señor dijo: «Yo soy el camino». El camino es la profundización en nuestra relación con el Señor, es decir, la profundización en la memoria que invade y determina toda la vida. Es el sentimiento que expresa san Pablo al final del octavo capítulo de la carta a los Romanos.
Por tanto, antes de valorar la palabra “juicio” y tratar de definir cómo nace o debe nacer, tenemos que prestar atención al punto del que partimos, es decir, observar si partimos desde esta búsqueda de Cristo, de esta memoria de Cristo o no. Porque si esta es débil la daremos por descontado, como algo habitual y ajeno al dinamismo que nos lleva a buscar un juicio.
Podemos usar una palabra que ahora está un poco de moda entre nosotros por ser de la Escuela de comunidad de este año

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