Cuando el arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord Castillo, me convocó para dirigir la Comisión central diocesana para la canonización de José Gregorio Hernández Cisneros, pasaba por un momento personal y profesional complicado, en un contexto nacional difícil. Mi primera reacción fue de estupor y desproporción. Sin embargo, mi “sí” no nace de un acto solitario, sino que ha madurado en la oración y el discernimiento compartido con mi familia, amigos, compañeros y la autoridad de mi fraternidad de Comunión y Liberación. De este modo, la misión adquiere una dimensión comunitaria, un “nosotros” que se convierte en la clave de todo.
La llamada a la santidad y la dimensión comunitaria: un viaje compartido
La premisa del papa León XIV es clara: «¡nadie es cristiano por sí solo! Somos parte de un pueblo, de un cuerpo que el Señor ha constituido», dijo el pasado 6 de junio a los moderadores de asociaciones, movimientos eclesiales y nuevas comunidades. Siendo llamado a esta misión, he experimentado esta verdad en primera persona.
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