«“¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?”. Ninguna pregunta me ha impresionado en la vida tanto como esta», decía don Giussani el 30 de mayo de 1998 durante el encuentro de Juan Pablo II con los movimientos. Palabras que resonaron en la basílica de San Ambrosio el pasado 14 de mayo, día de la Ascensión, durante la ceremonia de clausura de la fase diocesana de la causa de beatificación y canonización del fundador de CL. Entre los más de tres mil asistentes, había algunos que lo conocieron personalmente y otros que, sin llegar a verlo nunca, se han topado con su historia de tal manera que les ha cambiado la vida, cobrando consistencia. «Creo que hoy, para todos vosotros y para todos los que siguen este momento, también desde lejos, debe ser un momento de alegría, esa alegría que nace de la experiencia de la gracia», afirmaba monseñor Mario Delpini, arzobispo de Milán, durante la celebración. El día anterior hablamos con él.
Excelencia, ¿cómo conoció usted a don Giussani?
Nunca vi personalmente a don Giussani. Cuando me hice cura (era el año 1975) se vivían tiempos contradictorios. Las diferencias sobre la manera de entender la Iglesia, su relación con la sociedad, la forma de presencia de los católicos a nivel social y político, los cursos de pastoral y la caridad se abordaban con tonos polémicos y juicios despectivos. Esas diferencias acababan generando extrañeza, de modo que yo mismo veía con cierta extrañeza





