Hacia una ecología integral

Introducción

En medio del ruido de las ciudades, donde el concreto suele imponerse sobre la tierra, a veces una grieta deja pasar la vida. No por estrategia, ni por política pública, ni por campañas ambientales. Sino porque alguien se detuvo, miró, y se dejó tocar por lo que veía. Así comenzó el camino de Herminia Torres. Lo que parecía un terreno baldío, lleno de cascajo, jeringas y basura, resultó ser un parque urbano de casi cinco hectáreas, habitado por encinos centenarios y una promesa aún no descubierta: la de volver a relacionarse con la naturaleza de forma viva y personal. Como dice el Papa Francisco en Laudato Si’, la crisis ecológica no se puede separar de la crisis humana y social. Lo que está herido no es solo el planeta, sino el corazón del hombre, que ha roto su vínculo con la creación, con los otros y con su propio deseo.San Francisco de Asís llamaba “hermano” al sol y “hermana” a la luna porque veía en toda criatura un eco del Creador. Antoni Gaudí, el arquitecto catalán, logró plasmar esa misma armonía en piedra, vidrio y luz. En el interior del Templo de la Sagrada Familia uno puede experimentar la misma sensación que bajo un bosque: las columnas son troncos, las luces son ramas filtradas por el sol. Toda la creación entra en ese espacio. Para Gaudí, la naturaleza no era un decorado, sino un templo viviente.

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