Hacen falta seis horas de viaje para salir de Nairobi y llegar hasta Ol Moran, un poblado situado en medio de la sabana, en el distrito de Nakuru. A bordo de varios matatu, una especie de minibuses abarrotados que desafían todas las leyes de la física, 25 universitarios se pusieron rumbo a la Magnificat House, una casa para niños huérfanos y con discapacidad, gestionada por las Siervas de la Visitación. Decidieron pasar allí cinco días de sus vacaciones de verano. «Durante el año hacemos la caritativa dos veces al mes en los slum (suburbios, ndt.) que rodean Nairobi», explica Daniele Bonanni, sacerdote de la Fraternidad San Carlos, que lleva dos años en Kenia. «Impresiona ver cómo se ponen en marcha estos jóvenes, que suelen ser muy cerrados, impenetrables. Cuesta mucho averiguar si algo les gusta. Pero los sábados que vamos a la caritativa se abren de par en par. Por eso pensamos que podía ser interesante dar un paso más en ese gesto que les hace estar tan contentos».
De primeras, la idea suscitó un montón de preguntas. Algunos, como Lucy, reconocen que iban un poco preocupados. «Me temía algo aburrido, allí perdidos en medio de las montañas sin nada divertido que hacer, ¿cómo iban a ser esas mis
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