El pobre de verdad es el amante

GUBBIO

El lobo siguió viviendo dos años en Gubbio; entraba mansamente en las casas de puerta en puerta, sin causar mal a nadie y sin recibirlo de ninguno. La gente lo alimentaba cortésmente y, aunque iba así por la ciudad y por las casas, nunca le ladraban los perros. Por fin, al cabo de dos años, el hermano lobo murió de viejo; los habitantes lo sintieron mucho, ya que, al verlo andar tan manso por la ciudad, les traía a la memoria la virtud y la santidad de san Francisco.

(Florecillas de san Francisco, cap. XXI)

Un poeta, Davide Rondoni, dirige desde 2023 el comité nacional para la celebración del octavo centenario de la muerte de san Francisco. Tres años llenos de sorpresas en pleno trabajo de preparación del programa de eventos, acogida y multitud de encuentros.

¿Qué experiencia está suponiendo esta nueva tarea?
En primer lugar está siendo una experiencia de encuentro con personas de todo tipo: desde responsables del gobierno hasta el último peregrino que pasa por un convento. Y también una experiencia de asombro porque se ven un montón de cosas bonitas. San Francisco cae bien a todos. Y es de todos, no porque todos puedan decir algo de él sino porque todos lo necesitamos. Como demuestra la unanimidad con que se aprobó en el parlamento la propuesta que hice hace dos años para restaurar la fiesta nacional del 4 de octubre. Es signo de que lo que une a la gente es un testimonio, no un discurso. Y Francisco es un testimonio para todos.

¿Qué es lo que más gusta de san Francisco?
Era un hombre alegre, uno que murió cantando. Y esa alegría no es una mera felicidad momentánea sino que indica una vida fértil, abonada por la conmoción por Cristo y por la amistad de sus hermanos. San Francisco no se comprende sin sus amigos, no es un superhombre aislado. En este sentido, su capacidad de misericordia,

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