A los seis años, Flannery O’Connor (1925-1964) enseñó a un pollo a caminar hacia atrás. Un equipo de la televisión de Nueva York fue hasta Savannah, en Georgia, para filmar este hecho, pero ese día el animal no quiso prestarse a andar del revés. Tuvieron que montar el video al contrario. Años más tarde, a propósito de aquel episodio, la escritora dirá: «Estoy convencida de que ese fue el momento más importante de mi vida. A partir de ahí todo fue a menos». Es decir, cuando la ironía es el filtro principal, todo es posible.
Nació en una familia católica de origen irlandés, empezó a escribir sus primeros relatos en el colegio. Con veinte años se mudó, primero a Iowa City para hacer un máster de escritura creativa, luego a Yaddo, donde entró en contacto con el mundo intelectual americano, y finalmente a Nueva York y con sus amigos Fitzgerald en Connecticut. La aparición de un lupus eritematoso, enfermedad que la llevaría prematuramente al Padre, la obligó a volver a vivir en la granja familiar de
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