Lleva el nombre de un santo monje celta que difundió el monaquismo durante el primer milenio. Colum significa en efecto Columbano. A lo mejor es debido a su nombre que Colum McCann, americano de origen irlandés, conciba su oficio de escritor como la labor de un monje, un misionero, un animador de la civilización. Su fe impregna su relato y su misión consiste en identificarse con las vidas de otros. Esa es su lucha por mejorar el mundo, para no ceder ante la deshumanización.
Este año vuelve al Meeting de Rímini después de un encuentro extraordinario en la edición pasada con los dos padres protagonistas de su libro Apeirógono. Las heridas aún siguen abiertas en esa tierra, especialmente sangrantes entre los que no siguen el ejemplo del judío Rami y el palestino Bassam. ¿Es de ilusos contar historias que van en contra de la lógica de la guerra? ¿O es necesario aun en medio de las tinieblas?
No seré el primero ni el último en decir esto, pero todo lo que hace falta para que el mal prospere es que la gente de bien
Para seguir leyendo inicia sesión
El contenido completo sólo está disponible para nuestros suscriptores.





