Hijos que dan la vida

Esta –que inaugurará la edición 2025 del Meeting de Rímini– es la historia de un fracaso aparente. El pasado mes de enero, en Tel Aviv, cerró sus puertas Kuchinate (que significa “crochet”), una cooperativa femenina que llevaba doce años dando trabajo y apoyo a más de 450 mujeres africanas que huían de la trata de seres humanos. Una iniciativa en la que puso especial empeño Azezet Habtezghi Kidane, más conocida como sister Aziza (67 años, eritrea de nacimiento y ciudadana británica), junto a una amiga suya, psicóloga israelí, pero que no ha resistido el impacto económico causado primero por la pandemia y luego por la guerra entre Hamás e Israel. «Ya no se podía afrontar económicamente el pago de salarios y el alquiler, puesto que toda la venta en tiendas y kibutz de estos productos artesanales realizados a mano por nuestras mujeres se quedó parada y nunca reanudó la marcha. Han tenido que volver a dejarlo todo, otra vez. Volando a Canadá o al norte de Europa».
Sor Azezet también abandonó su país, Eritrea, con poco más de veinte años a causa de la guerra. Pero no antes de tomar el hábito de las religiosas combonianas. Sirviendo como voluntaria en un orfanato de Massawa, gestionado por las discípulas del padre Daniel Comboni, vio el video de un hospital para leprosos que esta orden había abierto en Sudán del Sur. «Cerca de mi casa también había una leprosería. Los enfermos de lepra marcaron mi infancia porque estaban abandonados, no se

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