Con la paz en el corazón

Nuestra vida cotidiana está marcada por muchas dificultades; a las escaseces materiales se suma la percepción de imposibilidad de salir de esta condición. Ahora nos encontramos ante la posibilidad de mayores restricciones energéticas por la presión de los Estados Unidos sobre los países que exportan hidrocarburos a Cuba. Esto impactará aún más en las condiciones de vida de muchísimas personas.

El pasado 31 de enero nuestros Obispos nos invitaron a ponernos delante de estos acontecimientos: “Cuba necesita cambios y son cada vez más urgentes, pero no necesita para nada más angustias ni dolor. No más sangre ni más lutos en las familias cubanas. ¡Demasiado hemos tenido en nuestra historia reciente! Queremos y anhelamos una Cuba renovada, próspera y feliz, pero sin aumentar el sufrimiento de los pobres, de los ancianos, de los enfermos, de los niños cubanos”.[1]

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