¿A dónde vas, humanidad?

La vertiginosa aceleración tecnológica y los hitos de la ciencia contemporánea despiertan un asombro justificado ante las capacidades de la humanidad. Sin embargo, esa admiración convive con un sentimiento de incertidumbre no menos profundo. La fragilidad a la que estamos expuestos se hizo patente durante la pandemia, en la crisis ecológico-ambiental o ante los conflictos bélicos que presenciamos. Somos testigos de un desarrollo que exige un discernimiento ético y espiritual urgente para dilucidar en qué medida nos hallamos ante un progreso verdadero o frente a un retroceso imparable.
A mediados del siglo XX, Martin Heidegger formuló una paradoja que hoy cobra una vigencia casi profética: «Ninguna época ha sabido tanto y tan diversas cosas del hombre como la actual; pero tampoco ninguna época ha sabido menos qué es el hombre que la actual». El filósofo alemán no se limitaba a constatar un inconveniente, sino que veía en esta paradoja una oportunidad para pensar lo humano en todas sus dimensiones. A la misma tarea somos convocados en este primer tercio del siglo XXI.
El desarrollo tecnocientífico ha dado alas a propuestas de «humanidad aumentada» que no se detienen ante la frontera de lo biológico o lo social. Tendencias culturales y filosóficas como el transhumanismo y el

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