República Democrática del Congo, 27 de enero de 2025. Las tropas del M23, organización paramilitar filo-ruandesa, toman el control de Goma. Llevaban tres años intentándolo, siempre con las armas. Así es como este país, uno de los cuatros que conforman la región de los Grandes Lagos junto a Burundi, Uganda y Ruanda, ha vuelto a padecer los horrores del pasado convirtiéndose en escenario de una matanza de civiles. Tres mil muertos, casas quemadas, ejecuciones sumarias, fuga incontrolada de presos, violaciones, miles de desplazados, epidemias. Los porqués de este eterno conflicto sin solución se mezclan. Hay decenas de milicias rebeldes locales que luchan por los recursos mineros de oro, diamantes y coltán, en muchos casos recibiendo armas y dinero de actos externos internacionales interesados en acaparar tanta riqueza. Hay milicias yihadistas que imponen sus reglas pero sobre todo resuenan ecos del genocidio ruandés de 1994, cuando el Congo se convirtió en lugar de paso para miles de hutus y tutsis.
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