Un pueblo que educa caminando juntos

Llega un momento en que uno puede mirar a la cara la pregunta crucial sobre uno mismo. Cuando, hace casi tres años, todavía estaba en Kampala dirigiendo el colegio “Luigi Giussani”, Davide Prosperi me pidió la disponibilidad para volver a Italia y vivir el camino de los Bachilleres y el CLE (Comunión y Liberación Educadores, las siglas que engloban a los que están implicados profesionalmente en la experiencia educativa a todos los niveles, desde la escuela infantil hasta la superior), esa pregunta me embistió con fuerza: ¿qué soy yo?
La respuesta de Giussani –«Tú eres gracia»– dio forma a mi «sí». Reconociendo que la propia existencia es un don, todo puede volver a florecer. Estoy experimentando que si uno está disponible a esta mirada sobre sí mismo, con el tiempo descubre que es una presencia: en el colegio, en el aula, delante de los alumnos y de los profesores, en el mundo. Una presencia original no por tener cualidades especiales (hay muchos profesores mejor preparados y más competentes que yo) sino por una pertenencia que te marca, que da luz y color a tu rostro en el mundo.

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