«Nos encontramos en un momento histórico en el que parece que lo que impera es el desconcierto [ante el cual] hay quien decide cerrar los ojos o mirar para otro lado tratando de construir un muro protector, otros tratan de huir, asustados, buscando cosas que les permitan evadirse o quienes permanecen bloqueados porque no saben qué hacer salvo expresar sus sentimientos en una interminable queja […] Pero también hay quien lanza su grito para ver si encuentra alguien que le escuche, alguien que le pueda ayudar. El grito, de hecho, es nuestra primera manifestación en este mundo. Es lo que hacemos nada más nacer. Sería absurdo que tuviésemos la capacidad de gritar, pero no existiese nadie con la capacidad de escuchar nuestro grito, nadie con la capacidad de intentar –al menos– responder a él».
Así rezaba el texto de presentación del lema de la segunda edición del Encuentro Canarias, “¿De dónde volver a comenzar?”, celebrado el último fin de semana de junio. Dos días intensos, en realidad muchos más si contamos
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