Picos 2025. «Libres, es decir, hijos»

«Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde». Con estas palabras comienza el viaje del hijo pródigo. Se marcha, convencido de que la herencia consiste únicamente en bienes materiales que puede usar a su antojo. Pero ignora que lo más valioso que ha recibido del padre no son las posesiones.
El hijo busca el infinito a través de los placeres, tratando de afirmarse y satisfacerse por sí mismo. Es el retrato exacto de nuestra cultura contemporánea. ¿Cómo no reconocernos en este hermano menor de la parábola? Con una diferencia: nosotros, hombres y mujeres de hoy, ni siquiera somos conscientes de haber pedido una herencia ni de haber cerrado la puerta tras de nosotros. Vivimos como si no hubiéramos salido de casa, pero estamos en el campo, entre las algarrobas de los cerdos.
¿Cuál es entonces esa herencia que todos llevamos dentro, incluso sin saberlo? ¿Cuál es el don que nos permite volver, o incluso encontrar por primera vez el lugar que podemos llamar hogar, aunque esté lejos de nuestra casa?
Lo que el hijo pródigo no sabía es que, junto con la libertad y toda la realidad que el padre le había confiado, se llevaba

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