«Siempre ha sido de Dios»

El primero en hablar es el silencio. Un silencio cargado, no vacío. Llenando el espacio entre las tazas de café que Paola pone sobre la mesa, en las notas diseminadas en orden y en desorden, en las páginas subrayadas de un libro de Giussani desgastado por el uso. Antonio Gallo está sentado en la cabecera. Tanto él como su mujer, Paola Cevasco, tienen en sus manos sendos ejemplares de un libro titulado Hasta las piedras se pondrían a saltar (Anche i sassi si sarebbero messi a saltellare, en italiano), que recoge los apuntes de Marco, su segundo hijo, y los testimonios de sus amigos. Tenía 17 años cuando murió en un accidente de tráfico en 2011.
El 7 de marzo de 2026 el arzobispo de Milán, Mario Delpini, abre su proceso de beatificación. La Iglesia lo ha reconocido como siervo de Dios. El cardenal Angelo Scola, arzobispo emérito de Milán, y el obispo de Pavía, monseñor Corrado Sanguineti, lo han citado con admiración en público muchas veces por su búsqueda apasionada de Dios. ¿Por qué? ¿Qué tenía Marco de excepcional? ¿Y cómo es que, desde hace años, miles de jóvenes acuden cada primero de noviembre a Liguria –donde está enterrado– para participar en una peregrinación al santuario mariano de Montallegro? Nos lo cuentan sus padres, que han aceptado nuestra petición a pesar de su timidez y discreción, agradecidos y confiados.

Multitud de jóvenes en la peregrinación anual al santuario de Montallegro en memoria de Marco Gallo.

Originarios de Chiavari, primero se mudaron a Lecco y después a Monza, donde viven desde 2009. Paola rompe el silencio. «Desde las primeras horas que siguieron a su muerte empezaron a pasar cosas extrañas, casi difíciles de contar. Sus compañeros de clase y de bachilleres se reunieron en el hospital para rezar. Se formó una fila de jóvenes que querían confesarse. Durante dos años, todos los meses pidieron que se celebrara una misa por su amigo. Luego surgió la idea de la peregrinación, donde cada año participan miles de personas. Muchas de ellas no lo conocieron en vida, algunas ni siquiera son creyentes, pero se han encontrado con su fe, con sus preguntas

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