A la espera de los resultados para saber si hay más órganos afectados…
El bien —y por lo tanto mi felicidad— tiene que ver con la memoria que hago de Él. Esto me conmueve, porque pienso que si esta circunstancia de enfermedad que vivo hoy no la tuviera presente a cada rato, podría decir que casi la olvido.
Estoy preocupada a cada instante, sí… pero tal vez la palabra más justa es ‘tensión’. Estoy en tensión constante. Tensión con Él.
El sacrificio, definitivamente, es doloroso. Ayer me preguntaba: ¿qué prefiero? ¿No pasar por esto y no crecer en la fe, no relacionarme con Él? ¿O hacer este sacrificio y ofrecerlo al Señor? Se me puso la piel chinita, porque realmente es difícil. Es algo que no quisiera atravesar, mi humanidad es frágil. Pero al final, no puedo elegir. Es un hecho. Es una realidad para mí. Entonces ahora la pregunta ya no es si lo quiero vivir, sino cómo vivirlo bien.
Cuando me dieron el diagnóstico —cáncer de ovario– lo primero que me mortificó fue poner en duda mi felicidad para el resto de mi vida. ¿Ya no podré ser feliz?
De alguna manera yo me aferraba a la promesa de Cristo. Me aferraba a pensar: Él va a responder también aquí. Él me hará feliz. Estoy segura.
Pero también me preguntaba:¿Qué me pides exactamente con esto? De alguna manera intuía la respuesta, pero después del retiro de cuaresma se me volvió más claro: solo ofreciendo esta enfermedad, este dolor, esta angustia, puedo ser correspondiente al sacrificio de Cristo, para la gloria de Cristo y para ayudar a la construcción de su Iglesia.
Ese es el “para qué”. Afirmar a Cristo. Solo así puedo ser yo misma. Vuelvo a nacer con una nueva autoconciencia.
Andrea Pineda, Ciudad de México
Encuentro con un amigo del movimiento
Hace unos días recibimos la invitación para unas conferencias organizadas por una dependencia de gobierno, para tomar conciencia de nuestro llamado cristiano en la comunidad y en nuestro entorno político. Siempre he sentido inquietud en participar de manera más activa y entusiasta en las problemáticas sociales de mi entorno y sentí una gran pregunta. ¿Qué será lo que iré a aprender ahí?
Llegó el momento de la conferencia; me había comentado mi esposo que el conferencista, Gian Franco, era gran amigo del movimiento y que iríamos a saludarlo y conocerlo. Tuvimos la oportunidad de estar en dos de sus conferencias. Al inicio me encontré un poco escéptica porque el ambiente político es un poco denso, pero aun así asistí con mucha apertura. Honestamente, lo que ahí escuché me dejó helada. Este amigo nos hizo preguntas tan provocadoras y demandantes, que era imposible no ver esa genialidad con la que don Giuss nos ha arropado siempre. El recorrido me llevaba al escenario actual y me lanzaba una pregunta radical: ¿cuál es mi misión en el aquí y ahora donde me encuentro; preguntas tan concretas para mi vida personal y mi entorno familiar, que de momento me llenaron de miedo, por sentir esa incapacidad de decir “sí”, de a menudo vivir como en automático, como si Cristo no existiera y cambiara mi vida a cada momento radicalmente. Era una sensación extraña de sentirme profundamente amada, pero a su vez con un reto enorme del cual no tengo la seguridad de poder responder.
Así dormí aquella noche. Pasé el día siguiente con mi corazón en búsqueda de una estrategia concreta para responder y con una serie de pasos a seguir y con nuevos propósitos concretos, porque no se vale ir por la vida así, sin actuar.
Esa tarde, de nuevo otra conferencia donde eso quedó descartado. Fue un gran alivio saberlo, porque Cristo me llama a mí, con mis dificultades y miserias, sin pedirme un cronograma de actividades ni una agenda específica, solo queriendo mi sí; me di cuenta que me ha mirado y ha buscado todo de mí; Él me hace constantemente y permite que yo realice su obra porque ha depositado en mí toda su esperanza.
El miércoles tuvimos la fortuna de desayunar con Gian Franco y fue la más bella de las experiencias. Sentí la mirada de Cristo a través de aquel amigo que nos miraba. Solo me resta mirar y esperar su milagro, ese que acontece en el día a día y que solo se me pide algo, estar atenta.
Gaby Anaya, Chihuahua




