Santos que eligen a los últimos

La belleza de la primera Exhortación apostólica del pontificado de León XIV, titulada Dilexi te, reside en una sorprendente travesía por siglos de caridad cristiana, con testimonios heroicos y creativos suscitados por el seguimiento de Cristo, compartiendo su palabra y la doctrina de la Iglesia. En primer plano aparecen por tanto figuras históricas, antiguas y modernas, que se han inclinado amorosamente hacia los pobres. Es cierto que hoy la gran mayoría de la gente, también de los cristianos, “pasa de largo”, pero es reconfortante saber que ha habido y sigue habiendo un puñado de buenos samaritanos que de formas diversas, llamativas o silenciosas, personales o comunitarias, se paran a socorrer al prójimo que encuentran con necesidad. Hojeando las páginas del texto –elaborado a partir de un proyecto inconcluso del papa Francisco– dan ganas de transformarlo en un calendario de adviento donde cada día se abre una ventana en la que aparece un personaje, un santo o un apóstol de la caridad, sobre el que reflexionar. Y al final, la noche del 24 de diciembre, el niño Jesús, la llegada entre los hombres –dispersos en un pesebre de miseria, soledad, descarte e indiferencia– de un Dios que se hace pobre entre los pobres, un Dios para todos y cada uno.

A los breves apuntes sobre algunas de las más de treinta figuras citadas en la exhortación, añadiremos dos consideraciones, una sobre el más allá y otra sobre el más acá. La primera procede de un exponente de la caridad

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