Cuando en el campo de la escritura le encomiendan a alguien una tarea cuya magnitud excede los límites del espacio del que dispone, no cabe más remedio que recurrir al apunte sintético, confiando al amable y perspicaz lector el desarrollo posterior de esos puntos. Esto es lo que voy a hacer en lo que sigue.
Leí este libro hace ya muchos años, me parece que en mis años de bachillerato, en la edición de Marova, si no me falla la memoria. Fue uno de esos libros que me dejaron una huella profunda, que me marcaron. Y he vuelto a leerlo y disfrutarlo ahora en la nueva y cuidada edición publicada por Encuentro.
Es curioso. El libro del padre Leclerc invita a leerlo de un tirón, porque “engancha”, pero al mismo tiempo es un libro que hay que tomar a “pequeños tragos”, saboreando y meditando su contenido.
Es un libro que marca porque ilustra con la vida de san Francisco el proceso que todo cristiano descubre en sí mismo cuando de verdad intenta descubrir la voluntad de Dios sobre su persona. El padre Leclerc conoce bien





