Primavera al norte de Europa

El monje trapense Erik Varden, obispo de Trondheim en Noruega, su país natal, nació en 1973 en una familia formalmente luterana pero agnóstica. A los 15 años comenzó su periodo de conversión escuchando la sinfonía Resurrección de Gustav Mahler. Hoy preside la Conferencia Episcopal escandinava, según la cual en 2024 hubo un centenar de conversiones al catolicismo registradas en la diócesis de Oslo y en las prelaturas de Tromsø y Trondheim. Un fenómeno real –aunque marginal, pues los católicos apenas son el 1% de la población noruega– que sigue creciendo, tal como confirman los fieles, que cada vez más a menudo se encuentran con rostros nuevos que llegan a la parroquia cargados con sus preguntas. Si hasta hace poco eran sobre todo adultos, cada vez son más los jóvenes que piden el bautismo.

El terreno común en este despertar de la conciencia religiosa es, como afirma el propio Varden en una entrevista publicada recientemente en el diario italiano Il Foglio, la evidencia de que «la secularización ha seguido su curso y se ha agotado, sin una finalidad positiva. El ser humano, entre tanto, sigue vivo y con profundas aspiraciones». Esas personas buscan «una educación en la fe», añade, es un «signo de los tiempos».

Este juicio es compartido por José Clavería, sacerdote español de la Fraternidad misionera de San Carlos Borromeo que desde este año está en la catedral de San Olaf en Trondheim. «Es gente que aparentemente sale de la nada, que viene de una sociedad líquida, confusa y caótica. En su mayoría son jóvenes de 15 a 25 años que ya están hartos de respuestas leves, reductivas y cambiantes. Buscan algo duradero, que resista en el tiempo». ¿Y

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