PAKISTÁN. «Solo quiero un lugar a los pies de Jesús»

El distrito de Faisalabad, en la región pakistaní de Punjab, es un territorio vasto y muy poblado, con una fuerte vocación agrícola, marcada por siglos de influencia cultural árabe y persa. Allí se encuentra la localidad de Khushpur, uno de los poquísimos puntos de mayoría cristiana en un país donde la proporción es justo la contraria: casi el 98% de la población es musulmana y el resto son cristianos, hindúes, sij y bahai. Allí nació en 1968 Shahbaz Bhatti, una figura destinada a marcar profundamente la historia reciente de Pakistán. Católico, abogado y luego ministro para las Minorías, se convirtió en el rostro más famoso de la defensa de los derechos humanos y del diálogo interreligioso en este país. El 2 de marzo de 2011 fue asesinado en Islamabad por un comando fundamentalista. Tenía 42 años. Ahora la Iglesia católica lo venera como Siervo de Dios.
«Su parábola –y todo lo que afloró en torno a su testimonio– tal vez sea la manera más eficaz de comprender nuestro país, un país donde a los cristianos todavía les cuesta que se reconozca su dignidad política, social y humana. Aunque algo está cambiando». El que habla es Paul Bhatti, hermano mayor de Shahbaz. Su historia empieza justamente en Khushpur, adonde en 1886 llegaron varios misioneros capuchinos belgas que generaron una comunidad que intentó configurar la vida del pueblo según un principio evangélico tan sencillo como radical: todos somos hermanos y corresponsables del bien común.
En este contexto, a mediados de los años 50 del siglo XX, es donde crecen los hermanos Bhatti. Su padre, Jacob, sirvió en la marina militar británica durante la Segunda Guerra Mundial. Al volver a su país se encontró con una realidad marcada por la pobreza, la discriminación y una necesidad básica de educación. No se quedó mirando y,

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