Migrantes, una realidad que nos toca

Es fácil sentirse dividido al mirar la cuestión del fenómeno migratorio en nuestro país. Por una parte, estamos llamados a revisar nuestra posición desde el Evangelio y la opción preferencial por los pobres recogida en la Doctrina Social de la Iglesia. Por otra, es un hecho que existe cierto miedo a la desaparición de la identidad española, a la desintegración de nuestra cultura, a la pérdida de puestos de trabajo o al incremento de la inseguridad ciudadana.

En ocasiones, defendemos su presencia llevados por el pragmatismo, por su contribución a la economía española, al crecimiento de la población y el empleo, o directamente a la necesidad del aseguramiento del sistema de pensiones. Pero, ¿qué posición adopta cada uno de nosotros?

Entre las propuestas de EncuentroMadrid 2025, celebrado del 7 al 9 de noviembre, la titulada “El reto migratorio, ¿es posible una nueva convivencia en un mundo sin fronteras?” abordó frontalmente la posibilidad de una mirada y una acogida verdaderas frente a aquellas posturas utilitaristas, buenistas o intransigentes. «En esta sociedad –señalaba Pablo Llano, director de la ONG CESAL– hemos tratado de huir de la realidad para que no nos duela. Los titulares encapsulan un fenómeno complejo, de forma simplista y polarizada. De forma exagerada o adulterada, lo que nos lleva a una posición intencionada, sin mancharnos las manos, sin implicarnos en la construcción de nada, como espectadores indiferentes, frente a opiniones de un lado o de otro».

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