El 16 de febrero de 2007 entré por primera vez en una de esas que en Argentina llaman villas miseria para entrevistar al sacerdote José Maria di Paola. Enseguida noté, aparte de otras muchas cosas, que todos lo llamaban “padre Pepe” y así lo hice yo también desde ese momento.
Aquel día vi por primera vez desde dentro, por decirlo brevemente, el mundo de los pobres, al que llevaba tanto tiempo dedicándome, desde 1979 con la insurrección sandinista en Nicaragua y el asesinato de monseñor Romero en el Salvador. Acabé yéndome a vivir a uno de esos lugares. Primero a la periferia de Buenos Aires, donde me quedé una década, y desde hace unos meses en una localidad algo alejada de la capital, La Banda, un barrio de Santiago del Estero lleno de villas de ese tipo, zonas rurales que antiguamente fueron latifundios, y auténticos barrios populares. Lo cuento con una serie de escenas rápidas –casi cinematográficas– a las que luego añadiré ciertas consideraciones igualmente breves.
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