Cuando en el verano de 2003 don Giussani recibió la visita del teólogo baptista Archie Spencer, que llegaba desde Canadá para conocerlo, entusiasmado después de haber leído sus libros en inglés, nadie podía imaginarse que aquel encuentro tocaría años más tarde la vida de Taylor Glass. En esa época era poco más que un chaval que crecía en una familia evangélica de Vancouver. Ahora tiene 37 años y da clase de teología en la Universidad de Notre Dame en Australia, concretamente en Perth, donde vive con su mujer y sus tres hijos. Hace cinco años, después de un periodo de reflexión y luchas internas por una serie de acontecimientos nada desdeñables para él, se convirtió al catolicismo. Él los llama pull factors, factores de atracción que le empujaron a dar ese paso y que superaban en cantidad y en vivacidad todos los push factors, motivos por los que vivía con insatisfacción la tradición en la que había crecido.
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