Irreductible a una ecuación

Para intentar abordar el reto de la IA conviene empezar por las palabras. «La inteligencia, igual que el corazón, debe ejercitarse humanamente, pues estamos llamados a ser responsables, cada uno desde su lugar, científicos, teólogos, filósofos, trabajadores sanitarios, educadores», afirma monseñor Renzo Pegoraro, médico y experto en bioética, profesor de Ética enfermera en el hospital pediátrico del Niño Jesús en Roma. Desde mayo del año pasado dirige la Pontificia Academia para la Vida. Para él, la IA introduce una nueva dimensión con todas sus oportunidades y riesgos, y ha venido para quedarse. La define como «un gran desafío para todos los ámbitos de la realidad, sanidad, transportes, medioambiente, economía… Nos interpela a todos».

¿Cómo empezó la Iglesia a interesarse por este tema?
La Iglesia vio enseguida el potencial de la inteligencia artificial, animada por ciertos grupos sociales y científicos implicados en diversos proyectos que acudieron a la Pontifica Academia para la Vida, advirtiendo de la necesidad de una reflexión ética para evaluar sus beneficios pero también los riesgos que podían derivar de ella en varios ámbitos. En 2020 se publicó un documento titulado Rome Call for AI Ethics, que proponía una alianza entre sociedad civil, instituciones, organizaciones y gobiernos, identificando seis principios cardinales: transparencia, inclusión, responsabilidad, imparcialidad, fiabilidad y, por último, seguridad y privacidad. Ese documento lo firmaron el entonces presidente de la Academia, monseñor Vincenzo Paglia, junto al presidente de Microsoft, Brad Smith, el vicepresidente de IBM, John Kelly, y el director general de la FAO, Qu Dongyu. El pasado mes de octubre llegó también la firma de un coloso tecnológico como es Salesforce con su presidente, Sabastian Niles. Con el tiempo se han ido sumando representantes de las grandes religiones monoteístas y cientos de

Palabras clave

Cómo citar

Comparte este artículo

Facebook
Twitter
Pinterest