La inteligencia artificial se ha convertido en una presencia silenciosa que está siempre a nuestro lado. Hablamos con alguien que la conoce muy bien, Fabio Mercorio, profesor de Ciencias de la Computación en la Universidad Bicocca de Milán y director de un máster de IA y Data analytics.
La mayoría de la gente cree que la IA llegó de repente, entre 2021 y 2022 con ChatGPT. ¿Es así realmente?
La IA existe desde hace décadas y es fruto de una larga evolución que ha pasado por varias fases. Durante mucho tiempo se trabajó sobre todo con una IA simbólica, que imita el razonamiento humano de tipo deductivo y a partir de premisas o reglas generales deduce conclusiones para casos concretos (como hacer una suma siguiendo un criterio de cálculo). Luego pasaron tres cosas decisivas. Primero: internet conectó el planeta. Segundo: la capacidad de cálculo creció enormemente. Tercero: con la llegada del smartphone empezamos a producir datos continuamente y sin darnos cuenta, simplemente viviendo y comunicándonos con unos dispositivos siempre conectados. Eso dio lugar a la generación sistemática de una gran mole de datos que desató la carrera del desarrollo de algoritmos capaces de clasificar esos datos. El enfoque dio un vuelco. Ya no era solo deducción sino también inducción (inferir de esos datos una regla general) y eso es exactamente lo que hacen los algoritmos de los que estamos hablando.
Pero durante mucho tiempo la IA no llamó la atención del gran público.
Por simplificar, podríamos decir que durante años desarrolló sobre todo dos tareas: clasificar y predecir. Netflix cuando te sugiere una película es IA, una red social que te recomienda un reel es IA, pero a nadie le sorprende. Desde 2019 se ha añadido una tercera capacidad: generación. La IA no solo reconoce y predice sino que también produce contenidos. Por eso hablamos de IA generativa. Pero hay que aclarar algo fundamental. “Generativa” no





