Hermano arte

Según una antigua tradición, en 1222 Francisco quiso visitar el Sacro Speco de Subiaco, el lugar donde san Benito se consagró al servicio de Dios. Hay muchos signos de su paso por allí, uno especialmente explícito: la imagen de Francisco en los frescos de la capilla del papa Gregorio IX. «Frater Franciscus», dice la leyenda que lo acompaña. Lo vemos vestido con una túnica ceñida por una cuerda y la cabeza cubierta con una capucha alta. Los rasgos faciales concuerdan con la minuciosa descripción que hace de él Tomás de Celano en su Vida primera, la biografía del santo más antigua. ¿Por qué Francisco no tiene aún la aureola ni se ven las señales de sus estigmas? La hipótesis más acreditada es que estamos ante un retrato realizado antes de su canonización, decidida en un plazo rapidísimo, apenas dos años después de su muerte, por el proprio Gregorio IX. Francisco había tenido un papel en la renovación del monasterio benedictino, lo cual explica, aparte de su imagen en el fresco, las palabras escritas en el pergamino «Pax huic domui», «Paz a esta casa». No es poca novedad: estamos ante una representación realista de la semblanza de una persona y no tanto ante su elevación. En definitiva, un retrato verosímil, captado en un instante preciso del tiempo y no un icono idealizado más allá del tiempo. Francisco está

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