“Fue Cristo quien me alcanzó. No fue un proyecto mío”.

El testimonio de Carmen, integrante de la Fraternidad de San José en México.

“Yo no elegí la San José. Fue Cristo quien me alcanzó y me tomó de la mano a través de ésta”. Así resume Carmen su ingreso a la Fraternidad de San José (FSJ). No lo dice con tono épico ni con sentimentalismo, sino con una serenidad que nace de la certeza. Su historia no es la de un proyecto personal cuidadosamente diseñado, sino la de una mujer que buscaba la verdad y que, sin entenderlo del todo, fue conducida hacia una pertenencia que le cambió la vida.

Una búsqueda que venía de lejos

Carmen siempre tuvo dirección espiritual. Durante treinta o cuarenta años —dice— mantuvo un acompañamiento constante con sacerdotes. “Siempre tuve la necesidad de ser guiada, de seguir a quien va más adelante” y de entender los planteamientos de la Iglesia, explica. No se trataba de terapia, sino de un deseo profundo de caminar acompañada en la fe.

Participaba en la vida sacramental con regularidad, buscaba confesión, misa, oración. Cristo no fue para ella un descubrimiento tardío: “Cristo me ha cambiado desde que me acuerdo, desde la primera comunión”. Recuerda

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