Todo empezó una noche de 1983, en la bassa bergamasca, cuando un grupo de padres se acercó a ver a Franco Nembrini, que entonces era un joven profesor de religión en la escuela pública, con esta preocupación: «Tenemos fe, hemos encontrado el sentido de la vida, pero no conseguimos transmitírselo a nuestros hijos». Juntos aquella noche tuvieron la intuición de abrir un colegio. Constituyeron la Cooperativa para la promoción educativa, para la que eligieron como presidente no a un profesor sino a uno de ellos, Antonio Lacavalla, que falleció hace unos meses. «Un hombre apasionado y emprendedor al que debemos mucho. Franco y sus amigos deseaban un colegio que educara verdaderamente en la belleza y en la realidad, partiendo de la experiencia cristiana. Después de varios intentos, les acogieron en un ala del instituto de los pasionistas en Calcinate», explica Francesco Fadigati, profesor, escritor y actual director. La pregunta de aquellos padres, después de más de 40 años, se ha transformado en un centro educativo con primaria, secundaria y liceo científico, lingüístico y artístico. Y allí sigue, en el inmueble de los pasionistas que con el tiempo consiguieron adquirir gracias al apoyo de padres y empresas.
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